Sin ser músico ni luthier, decido componer una obra musical para ser interpretada por una orquesta utilizando instrumentos construidos por mí, de manera  no convencional, cuestionando también cómo esperamos que sean las cosas, además de las personas. Buscando el absurdo, decido también inspirarme en la obra maestra de uno de los mayores compositores contemporáneos, Music for 18 musicians, de Steve Reich. De hecho le dedico la obra, pero esta no es la música, ni los instrumentos, sino el hecho de que yo haga algo que no esperen que haga.

Música para 18 cosas cuestiona qué esperamos de las personas. ¿Porqué lo primero que hacemos al conocer a alguien es preguntarle a qué se dedica, estableciendo filtros para nuestro entorno de relaciones?

Al igual que en la obra de Reich, pulsación y respiración aluden al tiempo y a la vida. El concierto empieza cuando un estetoscopio con micrófono hace que mi corazón suene en directo en los altavoces, haciendo de metrónomo en la parte inicial de la obra, que se divide en ocho secciones: pulsación, respiración, crecimiento, tormento, caos, armonía, respiración y pulsación; creando un círculo a través del existir, el crecer y el tormento causado por la sensación de que el mismo crecimiento genera aun más dudas.

Música para 18 cosas está llena de elementos que marcaron mi vida en las últimas décadas. Mis deseos, frustraciones y realizaciones respeto a lo que hice y lo que todavía me gustaría hacer, cuestionando el que somos, con más y más preguntas en cada momento.

 

 

 

 


Basuróphonos Basso, Basuróphonos Mezzo y Basuróphonos da Gamba

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Espermatozoide

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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