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VERTIDOS

VERTER:

Del Latín vertěre - Derramar, tirar​

 

VESTIR:

Del Latín vestīre - Cubrir, proteger o adornar el cuerpo
 

Me acuerdo que cuando estaba en la universidad en Rio, un grafiti en una pared decía:

De nada sirve luchar, el Sol se apagará dentro de 6 mil millones de años.

En la misma pared alguien pintó:

¡Que alivio! Creía que sería dentro de 6 millones.

En la naturaleza todo ocurrió siempre en una escala de tiempo no humana. Es cierto que un día el sol dejará de brillar, que la vida en nuestro planeta tiene fecha de caducidad, pero lo estamos acelerando, convirtiéndolo en un proceso visible. En los últimos cien años quemamos más reservas naturales que en cuatro mil millones de años de actividad orgánica en el planeta.

¿Podemos dejar que la historia siga siendo lenta?

Luiz Simoes, 2004

 Los Vertidos

aluminio, cartón, plástico, tretrabrik y vidrio - 2004 / 2005

Todo tiene ciclos. Las historias que imaginamos tienen ciclos; nosotros tenemos ciclos y dentro de nuestros ciclos imaginamos y creamos de formas distintas.

​En el año 2004, cuando me surgió la idea de VERTIDOS, en mi pensamiento predominaba la visión de lo bello que somos, capaces de crear belleza incluso en situación de penuria y escasez; a la vez, quería también reflexionar sobre nuestra capacidad destructiva, contrastante e incoherente con nuestra capacidad intelectual.

​En los años siguientes, diferentes ciclos me llevaron a otras visiones. Surgió entonces una segunda serie de fotografías, en las que los cuerpos, extenuados y sucios, adornados con nuestras creaciones, yacen sobre la tierra.

​En mi constante reflexión, años más tarde creé una serie de pinturas objetcuales con aquellos mismos vestidos, en las que ya no están los cuerpos y apenas perduran los restos de nuestras creaciones. Y hoy, veinte años más tarde, en mi ciclo actual, empiezo una nueva serie de cinco obras utilizando el polvo de aquellos mismos materiales. Vuelve a mi mente la pregunta que me hice en 1988, en mi solitaria travesía del Sáhara:

¿Cien mil? ¿Un millón? ¿Cuántos años pasarían hasta que se desplomara todo lo que hemos construido y, lentamente, la tierra y la maleza lo cubrieran todo, borrando para siempre cada vestigio de nuestra fugaz presencia en el planeta?

Y mi pregunta actual sigue siendo la misma:

¿Podemos permitir que la historia siga siendo lenta?

Luiz Simoes, 2024

aluminio, cartón, plástico, tretrabrik y vidrio - 2007

Vertido de aluminio
Acrílica, pigmentos de hierro, poliuretano y vertido de aluminio sobre tela en vitrina 100x130x10 cm

23 Vertido de Plastico 3.jpg

Vertido de plástico
Acrílica, pigmentos de hierro, poliuretano y vertido de plástico sobre tela en vitrina 100x130x10 cm

24 Vertido de Tetrabrick 3.jpg

Vertido de tetrabrik
Acrílica, pigmentos de hierro, poliuretano y vertido de tetrabrik sobre tela en vitrina 100x130x10 cm

25 Vertido de Vidrio 3.jpg

Vertido de vidrio
Acrílica, pigmentos de hierro, poliuretano y vertido de vidrio sobre tela en vitrina 100x130x10 cm

22 Verttido de Carton 3.jpg

Vertido de cartón
Acrílica, pigmentos de hierro, poliuretano y vertido de cartón sobre tela en vitrina 100x130x10 cm

Los objetos

​En el poema "Aventura", el personaje es un bote que el poeta Manoel de Barros encuentra tirado "boca arriba y vacío" en un lugar remoto. En este estado de abandono, el bote no contenía más que el vacío.

​No hace mucho, esta vasija debió ser el foco de atención, cuando atraía el deseo de quienes la querían cerca por lo que había en su interior. Quizás recibió miradas de interés porque contenía algo que despertaba placer inmediato. Me imagino que este bote, ahora vacío y abandonado en el bosque, pudo haber sido alguna vez un bote de dulces o helados. Ocupando el centro de la mesa, recibía miradas ansiosas.

​Cuando deseado, el bote quizás se haya engañado al imaginar que lo querían por lo que era y no por lo que temporalmente contenía. Inmenso será ahora su dolor, abandonado. Rechazado por los humanos y sus volubles deseos, sólo la naturaleza lo quiere. La naturaleza nunca desprecia y sí, recibe, regenera, llena vacíos. Eso ya lo sabía Spinoza.

​"Inútil", el bote ya no servía, salvo para las metamorfosis, pues eso es lo que produce la naturaleza en todo aquello que, al recibir sus cuidados, sufre un contagio, una comunión. “Después de deshacerse en la naturaleza, las latas pueden incluso encantar a las mariposas", presagió el poeta.

​Tiempos después, el escritor tuvo que volver al mismo remoto lugar. Recordó el vacío y abandonado bote y se preparó para volver a ver aquella triste imagen. Sin embargo, durante el intervalo de tiempo transcurrido, sin que el poeta lo supiera, un pajarito voló “por casualidad” sobre el bote y en su vientre vacío dejó una semilla. Ya había en él arena y polvo, que la naturaleza depositara. “Las lluvias y los vientos dieron al embarazo de la vasija, fuerzas para dar a luz", y donde antes había el vacío, un poema vivo surgió. De aquel vientre floreció un rosal...

​“Si no damos nuestro amor, este se nos pudre dentro”, agradeció el poeta al bote esta lección que recibió en forma de rosas. Porque la vasija ahora estaba plena de la belleza que nos ofrece la naturaleza sin pedir nada a cambio.

Elton Luiz Leite de Souza

Filósofo. Profesor en la Universidad Federal de Rio de Janeiro

Una tele

Impresión de tinta pigmentada y barniz acrílico sobre tela. 100 x 130 cm

Un par de sillas

Impresión de tinta pigmentada y barniz acrílico sobre tela. 100 x 130 cm

El cochecito

Impresión de tinta pigmentada y barniz acrílico sobre tela. 100 x 130 cm

Abrigo

Impresión de tinta pigmentada y barniz acrílico sobre tela. 100 x 130 cm

La moto

Impresión de tinta pigmentada y barniz acrílico sobre tela. 100 x 130 cm

Tierra

Acrílica sobre tela. 130 x 400 cm

Oscuridad

Acrílica sobre tela. 130 x 400 cm

Expanción

Acrílica, pigmentos y polvo metálico sobre lino. 130 x 200 cm

Vacío

Acrílica sobre tela. 130 x 200 cm

Ausencia

Acrílica sobre tela. 130 x 200 cm

Réquiem para 2 Basuróphonos

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La obra se inspira en la idea de que en un futuro decadente y degradado, en el cual los únicos recursos fueran restos de tiempos más prósperos, un personaje que jamás hubiera visto un instrumento musical construyera, bajo su intuición y con escasos recursos, dos instrumentos similares a un violonchelo y un contrabajo, con los cuales expresar musicalmente su lamento por la situación de penuria en la que se encuentra.

La música se inspira en el ruido continuo del camión de la basura acelerando su motor. Reproduciendo los sonidos con mi voz, grabé varios fragmentos y editándolos en una línea de tiempo, creé la secuencia. Fue la forma de componer mi música sin ser músico. La secuencia, en su forma original, fue interpretada por el violonchelista Ivan Lorenzana utilizando los instrumentos construidos con basura, de ahí sus nombres, Basuróphonos. Réquiem para 2 Basuróphonos es un lamento, un diálogo entre los dos instrumentos, que gira alrededor de si mismo en una pieza que alude a lo que estamos haciendo… acelerando.

Réquiem para 2 Basuróphonos

Instalación audiovisual para tres proyectores de diapositivas controlados digitalmente. 7 minutos.

Entrevista Réquiem para 2 Basuróphonos. video  4 minutos.

Musitekton - Barcelona, 24 de marzo de 2012

Iván Lorenzana - Basuróphono mezzo

Ernesto Vargas - Basuróphno basso

Making of Vertidos - video 4 minutos

Making of Ausencia - video 4 minutos

Brasilea Foundation. Basel, 2006

Galería Blanca Berlin. Madrid, 2008

Centro Cultural Puertas de Castilla. Murcia, 2009

Gassmann Zürich, 2011

Luiz Simoes

contemporary artist
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